La relación entre ética y política en la democracia moderna no deja de ser tensa y peligrosa, ya que esta última introduce un fuerte relativismo moral que, si bien permite la coexistencia en un plano de igualdad de las distintas concepciones propias de toda sociedad compleja, no puede ser sostenido en el campo de la política. Es aquí cuando el poder, al penetrar la dimensión ética, introduce en ella la más grande distorsión, ya que el discurso de la ética se convierte en una mera forma de justificación del poder. Esto es lo que hace que la constante tensión entre ética y política nunca tenga un modo único o, incluso, satisfactorio de resolución. Sólo la implementación de una lógica argumentativa que parta del reconocimiento de la precariedad y ambivalencia que se entabla en la relación entre ética y política puede servir de resguardo ante aquellas distorsiones que, en nombre de la primera, planteen el riesgo de cercenar desde el poder del estado los espacios de libertad.
La política, como función pública que es, debe regirse por ciertos principios básicos de conducta. El catedrático de Filosofía Moral, Enrique Bonete Perales, destaca los principios más relevantes y a la vez reiteradamente vulnerados:
Principio de la receptividad
Defiende que todo político debe estar abierto a las críticas y quejas de los ciudadanos. Rechazar esos argumentos sobre el comportamiento político significa no ser receptivo.
Principio de la transparencia
Los servidores públicos tienen que actuar explicando claramente los motivos por los que adoptan sus decisiones y sin que existan dobles intenciones.
Principio de la dignidad
Quienes deseen dedicarse a la vida pública deberán proceder considerando a las personas implicadas en sus decisiones como fines en sí y no como meros medios. En este punto, Enrique Bonete Perales destaca que la más grave inmoralidad en la que puede incurrir un político consiste en usar a las personas como simples instrumentos con los cuales obtener otros fines.
Principio de los fines universales
Los políticos necesitan obrar diferenciando claramente lo que son sus intereses personales o partidistas, de los que realmente conforman los bienes universales de una sociedad o comunidad.
Principio de servicialidad
Un buen político vivirá para la política en lugar de vivir de la política. Quienes ejercen noblemente esta profesión se entregan a la vida política como servidores de una causa y ven en el acceso al poder un medio.
Principio de responsabilidad
La responsabilidad política contempla al menos tres aspectos: responder a los ciudadanos sobre sus solicitudes, asumir como propios los comportamientos ilegales de otros cargos de confianza y tomar decisiones calculando sus consecuencias.
Para el profesor Bonete Perales, la ética política debería centrarse en la búsqueda teórica de principios éticos desde los que se ofrezca una visión dignificadora de la persona, una nueva visión de los derechos humanos y otra catalogación moral de las democracias actuales.
La ética y su relación con la política debe estar presente en cualquier plan de estudios de ciencias políticas, puesto que no es posible llegar a ser un buen gestor público sin contar con unos sólidos principios deontológicos de conducta. Así se contempla en el Grado en Ciencias Políticas online de UNIR, con asignaturas específicas como Ética y Gobernanza.
RELIGION Y POLITICA
La tensión entre el poder de la comunidad política y la conciencia religiosa es una constante en el pensamiento y la acción políticos. El presente artículo toma pie en la reflexión filosófica de Hegel para dilucidar el porqué de esta tensión y la complejidad de su posible solución. ¿Cómo abordar la intrincada relación entre los diferentes momentos de manifestación del espíritu, como espíritu subjetivo, espíritu objetivo y espíritu absoluto, en la que está implicada la relación entre religión y política en la filosofía de Hegel? He elegido un lugar dentro del sistema hegeliano para realizar este abordaje: la conciencia moral. El tratamiento de esta figura del espíritu permite abordar la relación entre religión y política en el contexto del sistema hegeliano de un modo original y clarificador.
Si entonces lo religioso no es sólo lo institucional y lo político no es solo el Estado, entre lo religioso y lo político se dan tanto convergencias como conflictos, legitimidades como oposiciones, dislocaciones como encuentros. En el caso de lo religioso, numerosas experiencias sociales, culturales, educativas e imaginarias surgen de valores y motivaciones provenientes de vivir “lo sagrado” escapando al control y regulación institucional. Del mismo modo, lo político no se reduce sólo al Estado o a los partidos políticos sino que nuestras realidades se conforman también de múltiples redes, grupos, movimientos sociales, experiencias milenaristas y liderazgos varios.
Linkografías
https://revistas.comillas.edu/index.php/pensamiento/article/view/6994
http://repositoriouba.sisbi.uba.ar/gsdl/collect/encruci/index/assoc/HWA_665.dir/665.PDF
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